28 abril 2018



REGALITOS DE LA VIDA

No creo en el destino.

Me resulta difícil imaginar que cada uno de nosotros tenemos un final ya marcado, 

que todo lo que nos ocurrirá con el paso de los años ya tiene un guion cerrado.

Creo en la suerte, el azar y lo inesperado.

Creo en lugares desconocidos que se convierten en refugios adorados.

Los míos son los teatros.

Creo en la existencia de momentos maravillosos no planeados, 

tanto que los repasas constantemente con la esperanza de nunca olvidarlos. 

A veces tan rocambolescos que parecen planificados por un duende que

a escondidas vela por alegrar tu aburrimiento diario. 

Esos momentos me los da el teatro.

Cuando un actor fija su mirada en la mía, 

hace que sufra por su emoción y su llanto, 

me guiña un ojo, me sonríe o me pregunta algo desde el escenario,

de repente me convierte en un animal que devora lo representado.

Y consigue transformarme en un ser vulnerable y amado. 

Y sus silencios me hablan,

su voz me toca,

su pulso llega a mi pecho, 

y tiemblo y me vuelvo de barro.

Creo en las personas que la casualidad coloca a tu lado. 

¿Dije "la casualidad"?, 

perdón, quise decir el teatro.

Y mientras el teatro esté cerca,

seguiremos improvisando.


Fotografía de Mathias Mahling 
@glory.of.disrepair en Instagram



Para leer más textos míos visita 
http://quienogustequenolea.blogspot.com/









17 enero 2018


VENUS
de Víctor Conde
Editorial Acto Primero




Una Reina Maga que cohabita conmigo, que vela por mí cuando nadie lo hace e intenta ser real, a pesar de no serlo, me regaló estas Navidades VENUS, de Víctor Conde. La reina me conoce bien y sabía que quería comprarlo desde Septiembre, cuando se editó. A pesar de que fue previsora y no tardó demasiado en pedirlo (tenía que venir desde Madrid), no llegó para el día de Reyes. Así que mis ansias por tenerlo crecieron. Pero cuando llegó, yo andaba inmersa en la lectura de un libro (que no citaré), considerado como obra maestra dentro de la narrativa contemporánea, de ésos que todo el mundo dice que hay que leer. Pues bien, a mí me ha costado un horror acabarlo. Y por fin, terminado, hoy comencé VENUS. Lo he leído en una tarde, con un café (aunque habría estado mejor una cerveza, un vino bueno, caro o una copa de champán, con un collar de guirnalda navideña al cuello). Al terminar no he podido por menos que escuchar "Hallelujah" de Leonard Cohen.

VENUS es teatro, porque el teatro también se lee. Se estrenó el año pasado en el Teatro Pavón-Kamikaze de Madrid (los kamikazes nunca defraudan, fíate de lo que eligen). Además sigo el trabajo de Víctor Conde desde que lo conocí a través de "El Cabaret de los Hombres Perdidos", maravilloso espectáculo. También sigo el trabajo de Editorial Acto Primero desde que se creó, y me parece muy interesante. Todo buenas coincidencias. No podía ser de otra manera, ¡me ha encantado! 

VENUS  habla de algo que me apasiona, el tiempo. De cómo lo aprovechamos o malgastamos. De cómo hacemos o dejamos de hacer cosas que nunca se repiten, que nunca vuelven, porque creemos tener todo el tiempo del mundo, y no es así. De cómo amamos y nos olvidamos de amar porque no hablamos, porque no compartimos, porque no nos entendemos, porque no nos esperamos. No tenemos todo el tiempo del mundo, porque algún día moriremos, y puede ser temprano o tarde. VENUS habla de amar, amar sin miedo porque es lo único que merece la pena, y yo estoy de acuerdo. También habla de nostalgia, de recuerdos, de sentimientos ligados a una canción, a una película. ¿Quién no los tiene?

¿Qué pasaría si tuviéramos la oportunidad de retroceder en el tiempo y poder así entender muchas cosas que de ninguna otra forma pueden comprenderse? El viaje en el tiempo con el que Víctor Conde nos hace viajar en el libro está estructurado de manera brillante. Y a diferencia de lo que me suele pasar cuando leo teatro que no he visto, el personaje de Jorge es tan real en mi cabeza que no dejo de ver constantemente a Antonio Hortelano, durante todo el libro. 

Un viaje maravilloso. Enhorabuena Víctor Conde, precioso libro. Sigue escribiendo por favor.




31 diciembre 2017


BALANCE DEL TEATRITO DE 2017




El teatro es de lo mejorcito que hay en mi vida, puedo decir que en muchos momentos "me ha dado la vida". Por eso cuando se acerca el fin de un año y la mayoría de la gente hace balance de viajes, trabajo, estudios, salud, dinero y amor, yo hago balance de las obras de teatro que tuve la suerte de ver y la mala suerte de no ver. Así mismo, cuando la mayoría de la gente piensa en los propósitos para el nuevo año como apuntarse al gimnasio, dejar de fumar, ir a clases de idiomas o sacarse el carnet de conducir, yo pienso en todo lo que me queda por ver en los teatros.

Pues bien, terminé 2016 viendo "Incendios" de Wajdi Mouawad, dirigida por Mario Gas, seguida de "La piedra oscura" de Alberto Conejero, dirigida por Pablo Messiez. Casi nada. El listón quedaba alto para el 2017. Hubo suerte y pude comenzar el año con "Hamlet", versión y dirección de Miguel del Arco. Continué con "Todo el tiempo del mundo" escrita y dirigida por Pablo Messiez, LA MEJOR OBRA DE TEATRO QUE HE PODIDO DISFRUTAR DURANTE ESTE AÑO. El listón no bajaba, ¡bravo! Después vino "El plan" de Ignasi Vidal, también estupenda. Y poco más, porque me perdí "Ahora todo es noche" de la Zaranda, "Una gata sobre un tejado de Zinc caliente" con el gran Juan Diego, "Mármol" con Pepe Viyuela, "El hogar del monstruo" y "Cáscaras vacías", ¡todas me las perdí!, por una u otra razón. La falta de tiempo suele ser la principal. También una economía no muy boyante que a veces implica elegir. Pero en una ciudad como Zaragoza, donde las obras no suelen permanecer en cartel más de dos o tres días, es difícil. Máxime cuando se trabaja de tarde-noche, incluidos viernes, sábados, domingos y algún festivo, mal definido ya como "festivo de guardar". La cosa se complica cuando en el mismo fin de semana se programan a la vez varias cosas que tendrías intención de ver. Ardua labor conseguir ir a todo.

Mientras tanto en Madrid se estrenan obras sin parar. Allí sí que permanecen en cartel semanas. Y yo me desquicio pensando en lo que tardaré en ver algo de todo eso. Así que, llegado este momento, reivindico que haya más apoyo y ayudas para que las obras de teatro, que finalmente se consiguen representar tras el trabajo de tanta y tanta gente, giren y puedan ser vistas por todo el territorio español. ¡No sólo en Madrid se llenan los teatros!

Hecha mi reivindicación retomo el balance. Tras el parón del verano se inició la nueva temporada teatral con el Festival de ZGZ Escena. Su programación incluía "El hijo que quiero tener", de Pont Flotant. Esta vez no iba a ser espectadora, sino que me subía a las tablas. Me lancé a la piscina, que en realidad acabó siendo un charco. Lo aprendido y disfrutado junto a Pont Flotant "me dio la vida" de nuevo. El mundo es demasiado hermoso desde un escenario, pero no sólo por el resultado final, que también, sino por todo el trabajo previo y todas las emociones que conlleva. ¡Increíble! Si alguien quiere saber más sobre mi alucine durante esos días que lea en este mismo blog la crítica de "El hijo que quiero tener", o el texto "Tanta emoción no cabe en el pecho".

Y así, el listón subió. Y continué yendo al teatro, (con mucha morriña de lo vivido).

Me cautivó "Último tren a Treblinka". Porque siempre nos posicionamos como espectadores frente al escenario, sentaditos en la butaca, y cuando eso se modifica y tu sitio pasa a ser un banco de un orfanato de un gueto de Varsovia en el año 1942, la cosa cambia. Interpretaciones y escenografía brillantes. Indescriptible sentir el aliento y el tacto de los actores a tu alrededor. Ojos hablando.

Después vinieron "Troyanas", "Shakespeare en Berlin", estupenda, "La omisión de la familia Coleman", bárbaros, "Mosca", conmovedora, y "Mi lucha" de Antonia San Juan, pasmosa. Ésta será la última del año que se va, así que de nuevo el listón queda alto. Y mientras pienso en lo que vendrá, también me lamento por lo que no vi, "Cervantina", "La clausura del amor", "He nacido para verte sonreír", "La cocina", "Antigona", "La edad de la ira", "Blackbird", "Bodas de sangre", "Venus", "Danzad malditos", "El amante", "A voz en cuello", "Ensayo"... ¡tantas!

Ahora, en Madrid, "Esto no es la casa de Bernarda Alba", "Heartbreak hotel", "Crimen y telón", "Tebas land", "Una habitación propia"... ésta última llenará donde vaya, casi seguro. En fin, seguiré con mi hambre de teatro porque no puedo saciarla con lo que aquí llega. Mientras tanto, ¡FELIZ AÑO TEATRERO 2018 PARA TODOS! En mi carta a los Reyes Magos pediré algún viajecito a Madrid.








24 noviembre 2017

MOSCA


MOSCA
de Sudhum Teatro
Dirección: Gustavo del Río
Dramaturgia: Gustavo del Río y Virginia Rodríguez
Reparto: Fernando de Retes, Fátima Domínguez y Luciana Drago



 "Mosca" cuenta la dolorosa historia de Pedro, un niño de 10 años, que debido a su orientación sexual, sufre el acoso de algunos de sus compañeros de colegio. "Algunos" porque aunque el agresor sólo sea uno, los que hay alrededor y callan, en cierta medida también lo son. Al principio la situación no parece aparentemente alarmante, sino más bien rara. Pedro es un niño muy sensible. Su padre culpa al flequillo del chaval de su herida en el codo, "¡si es que no ves por dónde vas con ese pelo tan largo que llevas!". La madre sólo lo nota algo más nervioso de lo habitual, "se muerde las uñas", piensa. "¡Él es nervioso!", justifica el padre, quien apenas puede estar con el chico por la cantidad de horas que debe pasar conduciendo el taxi.  Ninguno de ellos imagina el calvario que el pequeño pasa día tras día al ir al colegio. La falta de tiempo para estar juntos y la poca comunicación tampoco ayudan.

La representación va narrando hechos que van posicionando a Pedro en una situación cada vez más desagradable y convirtiéndolo en un ser muy vulnerable.

Un estupendo trabajo actoral permite que los continuos desdoblamientos de personajes se entiendan a la perfección, y lo que aún resulta más difícil, que la figura de Pedro se visualice en la mente del público a pesar de que en muchos momentos no aparece físicamente en escena. Vemos a Pedro a través de los ojos y las palabras de su padre, de su madre y de su profesora. Ojos y palabras de angustia ante la visión del sufrimiento padecido por aquel a quién más se quiere. De rabia ante el intento del agredido por disculpar al agresor, a pesar de ser la víctima. De furia por enfrentarse cara a cara con el atacante. De impotencia por querer solucionar y no saber cómo. De pena por no entender cómo pudo estar pasando algo así y nadie darse cuenta.

La escenografía está compuesta por una mesa y varias sillas. La estudiada iluminación hace el resto, sin necesidad de más. El resultado es magnífico. 

La mosca que sobrevuela algunas escenas toma significado (que cada uno interprete porqué la obra se llama "Mosca", porqué la mosca acaba siempre aplastada por una mano, porqué uno de los juegos del patio de recreo también se llama  "Mosca"...)

El fondo negro de la escena está cubierto de notas, iguales a las que Pedro y sus padres van dejándose para comunicarse a lo largo de toda la función (que cada uno interprete qué significan, porqué están allí o qué es lo que posiblemente pone en cada una de ellas).

Este es el fin de ésta obra, lanzar interrogantes para que el espectador se responda a sí mismo.

Del coloquio posterior a la representación que los actores han mantenido con el público (esta vez además profesores y escolares) destacar la capacidad de los jóvenes por preguntarse acerca de lo que vieron (muy inteligentes las interpretaciones de ciertos simbolismos) y querer saber cómo los actores se sienten al interpretarlo (sin duda el camino por el que se adentran para ello es difícil, agotador y da que pensar sobre el esfuerzo que supone. Si tú que lo estás viendo lo estás sufriendo, el que lo está interpretando...)

Esta vez no tocaba reírse, (a pesar de que en varias escenas lo consiguen), pero cuando el teatro te ofrece la posibilidad de reflexionar e intentar ser más empático hay que aprovecharlo y disfrutarlo. Merece la pena, es Teatro Transformador.








  

05 noviembre 2017

SHAKESPEARE EN BERLÍN


SHAKESPEARE EN BERLÍN

Dramaturgia y Dirección: Chema Cardeña
Intérpretes: Chema Cardeña, Juan Carlos Garés e Iria Márquez
Lugar: Teatro de La Estación




La historia de tres amigos alemanes, uno de ellos judío, y los cambios que se producen en sus vidas y en su relación por la llegada al poder del partido nazi. 

Martin y Elsa pasarán de vivir sin demasiados lujos a encontrar una buena posición en la sociedad alemana gracias a su trabajo en UFA (estudio cinematográfico de gran importancia en la Alemania de la época). Leo por el contrario, perderá su trabajo de actor, su familia y se verá obligado a esconderse por su condición de judío. En ese momento acudirá a pedir ayuda  a lo único que le queda, sus amigos. Pero Martin y Elsa no estarán dispuestos a poner en peligro su vida y la de su hijo por ayudarle a él. Ambos pedirán a Leo que se vaya y no vuelva. Así lo hará, pero regresará después de años y les visitará de forma inesperada para dar "a cada uno lo suyo", como decían las letras de la entrada del campo de concentración donde fue a parar y del que consiguió salir con vida.

La obra va alternando los tiempos de representación de los personajes con vídeos en los que habla un hombre, (después descubrimos que es el propio Leo), que vivió los hechos y los recuerda desde Buenos Aires. Vídeos que sirven para situar al espectador en cada período de tiempo en que discurren las distintas partes de la representación. Desde el inicio de los hechos en el año 1933, pasando por la Noche de los Cristales Rotos, la deportación de los judíos y llegando a los juicios de Nüremberg en el año 1946.

La escenografía es siempre la misma, el salón de la casa de Elsa y Martin, pero los cambios de vestuario y la caracterización de los personajes hacen muy fácil interpretar las variaciones que se van produciendo en la vida de los mismos.

Las interpretaciones son magníficas. Los tres actores, a través de un trabajo excepcional que se percibe como real, nos ofrecen el privilegio de compartir la historia como si por la ventana del edificio de enfrente estuviésemos mirando y escuchando. 

El final es sobrecogedor y hace reflexionar más, si cabe, que durante el resto de la historia. ¿En qué momento dejamos de razonar para justificar lo injustificable?¿Cuándo las circunstancias nos hacen perder toda nuestra honestidad y actuar de manera imperdonable? Probablemente, durante varias veces a lo largo de la obra, nos preguntemos si haríamos lo mismo o si por el contrario tendríamos la valentía de ser ante todo humanos, especialmente empáticos y con la gran virtud de poder llegar a tener una actitud heroica por salvar el pellejo a otro. No es sencillo hacer que el espectador se interrogue a sí mismo con tantas preguntas y ellos lo consiguen. En ningún momento me sentí con el poder de juzgar a ninguno de ellos, quizás por eso, porque realmente uno se está juzgando a sí mismo.

Y finalmente preguntarse, ¿existe odio, venganza, rabia o lo único válido es que la barbarie no continúe? 

"A cada uno lo suyo", dice Leo desde Buenos Aires. Decide tú que significa. Y por supuesto, para hacerlo, ves a verla si tienes oportunidad.