20 mayo 2019

LA HIERBA SIEMPRE VOLVERÁ


LA HIERBA SIEMPRE VOLVERÁ, IGUAL QUE EL AMOR POR EL TEATRO



Hace ya muchos años que me convertí en asidua espectadora de teatro. Multitud de obras vistas en teatros grandes, pequeños, públicos, privados, en salas alternativas, en mi ciudad, en otras ciudades, en parques, en la calle, en salas multiusos, en centros cívicos, en auditorios, en colegios...Comedias, dramas, teatro clásico, contemporáneo, poético, documento, social, participativo, con muchos recursos, con pocos o prácticamente sin ellos.

Quizás tras tantos textos, actores y actrices, puestas en escena, músicas, luces, en fin...tantos montajes, una llega a saturarse porque no puede por menos que comparar constantemente. Se corre el peligro de observar hasta la saciedad cualquier mínimo detalle. Se corre el riesgo de pensar que cada día es más difícil disfrutar del teatro, pues has visto tanto que todo tiene un pero. 

En ese momento estaba desde hace algún tiempo, hasta ayer que pude disfrutar de "La hierba siempre volverá". Espectáculo itinerante por las calles del Gancho, a cargo de los miembros del grupo de Teatro Comunitario del Gancho y de Imaquinaria en el barrio de San Pablo, en Zaragoza. Formado por vecinos y vecinas de todas las edades. Dos horas contando historias de gente real, del barrio, con sus alegrías, sus penas, sus problemas y sus miserias. Canciones comprometidas y divertidas. Vestuario de una paleta de colores estupenda. Y sobretodo teatro que fluye sin titubeos, sin errores, sin contratiempos porque está hecho con ganas, disfrutando, participando todos por igual. Contando desde la verdad y a través del compromiso.

Enhorabuena a todas las personas que de una u otra forma hacen posible esto. Gracias por devolverme la ilusión de creer en todo tipo de teatro.



21 abril 2019

LEHMAN TRILOGY

barco pirata
producciones teatrales
PRESENTA

LEHMAN TRILOGY

UNA OBRA DE STEFANO MASSINI

VERSIÓN Y DIRECCIÓN SERGIO PERIS-MENCHETA

ELENCO
Litus Ruiz, Víctor Clavijo, Pepe Lorente, Darío Paso, Aitor Beltrán, Leo Rivera


Telón bajado. Se agradece porque nada más elevarse, anuncia lo que será una sucesión de sorpresas durante toda la función. Una brillante escenografía e iluminación nos traslada al puerto de Nueva York, allá por 1844. Un inmigrante judío, desembarca en busca de oportunidades. Será el primer Lehman que lo haga. A él se unirán dos hermanos más con los que creará, aportando cada uno de ellos sus mejores cualidades ("cabeza, brazo, patata"), el primer comercio de los Lehman, una tienda de telas. A partir de allí, siglo y medio de negocios a través de tres generaciones: compra-venta de algodón (creando la figura del intermediario), inversiones en ferrocarril, producción de coches, banca... siempre aprovechando la oportunidad de crecer más y ganar más, aunque eso suponga perder poco a poco los valores de los inicios. "No se tira nada, todo se vende".

El texto es como una clase de historia y economía, pero entretenida, con ritmo y comedia. Sin tiempo para despistarse. Nunca pensé que el relato de una familia forjadora de un imperio económico en América pudiera engancharme de tal manera que permaneciera en la butaca tres horas, más contando los descansos, necesarios, pero sin ánimo de abandonar en ningún momento. Deseando proseguir con la historia, como cuando ves una buena película en la televisión y vas corriendo al baño en la publicidad. Tiene mérito lograr algo así en la era de la inmediatez.

El espectáculo, igual que una piñata de cumpleaños, va rompiendo poco a poco, de menos a más, y regalando sorpresas constantes. Seis actores polifacéticos dan vida a ciento veinte personajes: niños, jóvenes, viejos, hombres, mujeres, ricos, pobres... Registros que cambian con sólo mover una visera. Escenas a cámara lenta (¡colosal la carrera de caballos!). A todo esto se une que, mientras tanto, cantan, bailan y tocan multitud de instrumentos. Blues, twist, rock (incluida la aparición de Bob Dylan y Los Beatles). Dos clases más para añadir, música y masterclass de interpretación, y van cuatro.

El texto y las actuaciones musicales se fusionan perfectamente. La escenografía va creciendo y ayudando junto con las luces y la cinta transportadora que recorre de forma semicircular el escenario y que recuerda al tren chu-chu de la bruja, donde montábamos de pequeños para que nos arrearan con una escoba y acabaran regalándonos un globo. Sarcasmo incluido para reflejar como funciona hoy en día el mundo debido a la evolución del capitalismo. El vestuario también juega muy bien su papel y ayuda, modificándose sutilmente con el paso de los años y dando una oportunidad a la imaginación para forjar ciertos personajes a través de pelucas y crinolinas.

Y finalmente, el derrumbe del imperio Lehman desatando en 2008 la mayor crisis financiera de la historia.

La dirección de Sergio Peris-Mencheta es magistral. Un maestro que rebosa ideas y más ideas en escena. Un inicio, antes de que se eleve el telón, diferente y que no voy a desvelar, ¡vayan a descubrirlo!. Marca de la casa que ya saboree cuando vi "Un trozo invisible de este mundo", dirigido también por él, en el que obtuve, junto con el programa, un número que se me asignaba como inmigrante. Juan Diego Botto recibía al público en el patio de butacas comiendo una fruta y al azar preguntaba a uno de esos inmigrantes si conocía cierto artículo de la Constitución española, bajo riesgo de ser expulsado si no lo sabía. Desde el segundo uno, siempre diferente. Una forma de hacer teatro jugando y convirtiéndolo en un carrusel mágico que no para de girar. Director currante y atrevido que siempre ofrece una calidad de ejecución sobresaliente. "No es suerte, es técnica", y talento y mucho trabajo detrás. Señor Peris-Mencheta, se le echa de menos sobre las tablas, pero mientras esté detrás de esta manera, se soportará bien.




14 abril 2019

JAURÍA



JAURÍA



de Jordi Casanovas 
dirigido por Miguel del Arco 
con Fran Cantos, Alex García, María Hervás, Ignacio Mateos, Raúl Prieto y Martiño Rivas 


Viaje a Madrid para conocer El Pavón Teatro Kamikaze y ver "Jauría", la obra de teatro basada en las declaraciones literales de denunciante y acusados del caso de La Manada. 

Expectación y nerviosismo ante lo que iba a ver, a sabiendas de que sería pasar un mal rato. 

Entrar en la sala me produce la misma sensación que sentía cuando de pequeña, en el parque de atracciones, montaba en la cueva del terror. Ya en la butaca pienso que me he adentrado en la boca del lobo y no hay marcha atrás. 

Comienza la función, partiendo de que todo lo dicho es real. 

Ellos tocan palmas, ella no. Su fiesta, (la de ellos), se percibe desde el primer segundo como invasiva, irritante, repulsiva conociendo el final en el que deriva. Grito de ellos hacia ella, sola, siempre sola, rodeada de todos ellos, cinco. Primera parada de respiración y latido cardíaco acelerado que ya no recupera su ritmo normal a lo largo de toda la representación. 

Dos versiones diferentes, las narraciones de los hechos se van entrelazando, "cuenta" ella y al mismo tiempo ellos. "Cuentan" porque se dirigen al público, y el público se convierte así en testigo que transita por sus emociones, sus palabras y sus cuerpos. Miedo al ver los pasos dados, casi estudiados, para conseguir el fin perseguido. 

Hechos brutales tratados con gran respeto, sin una pizca de morbo. Congoja al escuchar como ella relata que quedó abandonada en ese maldito portal, con los leggins bajados. 

Se suceden las declaraciones de denunciante y acusados. Rabia al ver como éstos últimos se jactan por redes de los hechos. Rabia al ver como ante las preguntas de la fiscal ríen recordando ciertos momentos. Lo sucedido aquella noche sigue siendo para ellos algo normal, incluso jocoso, sin culpabilidad ni remordimiento. Rabia al ver como la víctima ha de dar más explicaciones que ellos. Dos agresiones, la primera la violación, la segunda la desprotección ante la justicia por la sospecha y culpabilización de la víctima. Duelen las preguntas: "¿Dijo que no en algún momento?", "¿gritó, empujó o intento huir?". 
Impotencia, asco ante el ofrecimiento de pañuelos. 

Emoción al escuchar las voces de miles de mujeres que se manifestaron por las calles al grito de: "Hermana, yo sí te creo". 

Cinco varones mayores que ella, la meten en un portal de 3 metros cuadrados, la desnudan rápidamente, la obligan a mantener relaciones sexuales y uno tras otro, cuando terminan, van abandonando el lugar, dejándola sola, desnuda y sin móvil,... y siguen con su fiesta. 

La única crítica que soy capaz de escribir es la dirección impecable de Miguel del Arco y las interpretaciones bestiales de ellos seis, actriz y actores. 

Salir del teatro sin fuerza en las piernas y los brazos, con ahogo en el pecho y un nudo en la garganta que, poco a poco, se va pasando al respirar aire en la calle. 

Cuando el teatro remueve y hace reflexionar, cumple con su función. Así es mi visión del teatro. 
Gracias a los "kamikazes" por atreverse con ello, a los actores por el esfuerzo que supone ser canal del dolor y representación de una realidad que da miedo. María Hervás cuenta en una entrevista que ve esperanza entre los jóvenes que asisten a los pases realizados para institutos. Raúl Prieto dice: "Tenemos que luchar por una sociedad en la que no sea un peligro para una mujer comportarse como una persona completamente libre". 

¡Ojalá! Ojalá llegue el día en que no haya que preguntarse ¿porqué se quedó sola?, ¿porqué se fue con unos desconocidos?, aunque así sea, no debería de pasar nada. Como mujeres tenemos interiorizado que somos nosotras las que tenemos que tener cuidado y huir de ciertas situaciones, para esquivar el peligro, y eso es falta de libertad sólo por ser mujer. 

¡Ojalá llegue el día en que la sociedad sea de iguales! "Jauría" cumple un gran papel en ello, sacudiendo la conciencia y removiendo el estómago ante lo que como sociedad está normalizado y no debería estarlo. 

























25 marzo 2019

EL CASTIGO SIN VENGANZA


EL CASTIGO SIN VENGANZA
de Lope de Vega


Creación y Producción: CNTC    
Versión: Álvaro Tato
Dirección: Helena Pimenta
Elenco: 
Beatriz Argüello
Lola Baldrich
Rafa Castejón
Carlos Chamarro
Nuria Gallardo
Joaquín Notario
Íñigo Álvarez de Lara
Javier Collado
Fernando Trujillo
Alejandro Pau
Anna Maruny


El castigo sin vengaza, ya desde su título, esconde la mentira con la que el Duque de Ferrara, engaña a su hijo el Conde Federico, para que éste de muerte a Casandra, joven esposa tardía del Duque, madrastra del Conde y al mismo tiempo su amante.
El honor perdido y descubierto tras la ausencia, y el castigo a los culpables, a pesar del amor al hijo, desencadenan el trágico final.
El montaje está impregnado de belleza poética, no sólo por los versos magistrales de Lope, dichos y contagiados al público a través de un trabajo actoral impecable de todo el elenco. 
La escenografía insinúa y deja ver a través de paredes de gasa y crea junto a la iluminación un Palacio lleno de pequeñas y grandes sombras, un entramado de pasillos, un puesto definido para cada personaje, un espejo reflejando la traición que se comete,un mismo color para el poder y la pasión (precioso el momento de los amantes atrapados en seda roja convertida en cama y alcoba), un segundo entre ser suelo pesado de mármol o bosque.
El movimiento en escena está cuidado al milímetro y se agradece por la riqueza que suma a ciertos momentos. El ritmo durante toda la obra es una partitura compleja interpretada con facilidad. No hay pausas, se encadenan y yuxtaponen escenas. Todo funciona con la misma precisión que el interior de la maquinaria de un reloj. 
El sonido traspasa la imaginación, pues poca hay que echarle para sentir de repente una ciudad aclamando a la nueva esposa del Duque, a través de cuatro banderines y algunos papeles de colores.
Un viaje hasta el fin de las consecuencias de nuestros actos y la irracionalidad de nuestros deseos. Un camino en tiniebla entre el deber y el honor, el poder y el amor.
Un montaje impecable en todos los aspectos, del que me permito destacar el excepcional trabajo de Rafa Castejón al transmitir su amargura, desesperanza y desolación. 
«Sin mí, sin vos y sin Dios»

Y una vez más, el teatro me salvó en mi rincón preferido de Zaragoza, el Teatro Principal. 
Este verano en el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Sería maravilloso volver a disfrutarla.











09 febrero 2019

AMOR OSCURO (sonetos)


 Ayer disfruté en Teatro Arbolé de ... 


AMOR OSCURO [sonetos]
de Producciones Viridiana
Escrito y dirigido por Jesús Arbués sobre los "Sonetos del Amor Oscuro"
 de Federico García Lorca
Intérpretado por Javier García Ortega





La historia de los sonetos desaparecidos, al igual que su autor. Éstos corrieron mejor suerte que él y fueron rescatados. Tras años ocultos, por fin vieron la luz en una edición clandestina. 

Once sonetos recuperados, once personajes para contarlo. Cada uno narrando lo ocurrido antes y después de que Federico García Lorca los escribiera. Momentos y personas claves para explicar de forma ágil sus últimos días, su muerte y su legado. Si alguien no conocedor de la historia de Lorca presenciara la función entendería en poco más de una hora lo ocurrido.

Como si de un río se tratase, la obra sigue su curso, sin parar. Javier García es el encargado de llevarnos en el trayecto. Un pasillo formado por dos filas de butacas colocadas en escena y el final del escenario, o el principio del patio. A ambos lados de ese pasillo, dos paredes de cajones de madera que hacen las funciones de almacenamiento del vestuario y atrezzo y de pantallas sobre las que se proyectan imágenes: un café, el mar, la cárcel, portadas de periódico y el texto (escrito a máquina) describiendo cada uno de los sonetos y personajes que van apareciendo. Cada soneto una historia. Cada personaje un registro diferente interpretado a través de la voz y el cuerpo de Javier García. El padre de Federico, el secretario de La Barraca, su último amante, pasando por Neruda  y Francisco Franco entre otros. Una actuación impecable de principio a fin. Un trabajo maravilloso, delicado, que obliga a no despistarse ante la palabra, a no querer pestañear ante las imágenes y la luz, a percibir más allá de la música que se escucha. Sentimiento en cada frase, cada gesto, cada movimiento.


Quizás porque las palabras de Lorca están marcadas a fuego en mi memoria y mi corazón desde la primera vez que leí uno de sus textos. 
Quizás porque para mí Lorca es intimidad, a solas ante uno de sus libros o en un teatro lleno. Siempre siento cerca a Federico, como si se tratase de un familiar o amigo lejano que dejé de ver, pero no por ello olvidado ni perdido.
Para mí Lorca es arritmia, ternura, pasión, tormento, 
delirio, gozo, amor, fuego.
Belleza es, creo.
Quizás por todo eso, ayer sentí el alma de Lorca en el teatro, a través de Javier García, y de mi pecho marcado a fuego.